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A la temprana edad de cinco años, Adrián José Rodríguez requiere un apoyo especial de familiares y amigos para continuar su desarrollo hacia la adultez. Y es que Adrián José padece la condición de Leucomalacia Periventricular que consta del ablandamiento de la sustancia blanca, parte interna del cerebro, que transmite información entre las células nerviosas y la médula espinal, así como de una parte del cerebro a otra. En los bebés diagnosticados con esta condición, el área del cerebro dañada puede afectar las células nerviosas que controlan los movimientos motores. A medida que el bebé crece, las células nerviosas dañadas provocan que los músculos se vuelvan tensos y resistentes a los movimientos. Estos infantes poseen un riesgo mayor de desarrollar parálisis cerebral y son propensos a presentar dificultades intelectuales o de aprendizaje.
Erika Rodríguez se siente agradecida por el progreso de su hijo Adrian José
“Mi familia fue parte integral para que yo pudiera superar este golpe tan duro. Desde ese momento, mi vida se llenó de retos y responsabilidades mayores,” expresa la valiente madre con Adrián José en su regazo. Erika Rodríguez, madre del menor, resalta la normalidad de su embarazo, y sólo distingue que su hijo nació de forma prematura tras ser intervenida con una cesárea de emergencia. Sucesivo a su nacimiento, el pequeño Adrián José fue sometido a una serie de exámenes cerebrales que revelaron daño cerebral. Este proceso resultó ser menos doloroso para Erika gracias al respaldo que recibió de sus padres y de sus tres hermanos.
Adrian José disfruta cada momento que transcurre en el Centro Margarita
“Desde que goza de más movimiento aprovecha para hacer travesuras. Hace poco se metió en un clóset de la casa y pasé tremendo susto porque no lo encontraba. Estuve un largo rato buscándolo hasta que escuché su risa,” recuerda Erika. “Estoy eternamente agradecida por los servicios integrados y las siete terapias semanales que recibe mi niño en el Centro Margarita. Si no fuera por ello, no habría progresado tanto.” De acuerdo al testimonio de su madre, Adrián José puede reconocer a su familia inmediata, sentarse solo, se comunica más que antes, controla su torso y ha comenzando a gatear.
Adrian José recibe ayuda para aprender a consumir sus alimentos por sí mismo
Sentado en una silla de ruedas, diseñada en madera especialmente para él, Adrián José recibe la terapia del día por parte de su patóloga del habla, Vanesa Morales. La misma consiste de un método alterno para propiciar la comunicación llamado ‘El calendario de rutina.’ Éste le permite asociar sus necesidades básicas como alimentarse. Por ejemplo, a través de un proceso de negociación, su patóloga le pregunta qué desea comer mostrándole fotografías y Adrián José señala lo que le apetece merendar. Vanesa explica que aprovecha su periodo de merienda para ofrecer estas terapias porque resultan significativas. “Adrián levanta sus brazos como muestra de entusiasmo cuando va a recibir algo que le gusta, como el yogurt,” indica la profesional de la salud.
Los elementos visuales en la terapia son importantes para fomentar la comunicación del niño(a)
Adrián se beneficia de terapias relacionadas a todas las disciplinas, debido a que su condición repercute en el funcionamiento general de su cuerpo. Otra dinámica efectiva para mantener activas sus destrezas motoras es la conocida como ‘Causa y Efecto.’ Este ejercicio se desarrolla para que el niño pueda identificar aspectos fundamentales que le faciliten expresarse. “Ha controlado su desorden compulsivo. Ahora no solo balbucea, sino que pronuncia palabras como el nombre de su mamá y el mío,” continua explicando la patóloga del habla.
Interactuar con otros niños(as) es parte de la terapia de Adrian José
Tan pronto finaliza su terapia de la mañana, Adrián José es llevado por su terapeuta al salón en el que recibe las clases del día, junto a otros niños típicos y atípicos. Éstos últimos son aquellos que presentan dificultades o limitaciones físicas y mentales. La práctica de unir a niños con diferentes necesidades fomenta la sensibilización desde temprana edad en los menores que no poseen limitaciones especiales, y promueve el modelaje de conducta en los menores atípicos que emulan las acciones de sus compañeros.
Adrián José es atendido en el Centro Margarita desde que tenía seis meses, por lo que su progreso ha sido monitoreado por los profesionales que le asisten. Debido a que el Centro posee un equipo multidisciplinario, los infantes participantes de los servicios que allí se ofrecen reciben todas las herramientas de aprendizaje, manejo de condiciones y conducta en un sólo lugar.
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